La autorregulación de los canales de televisión

La semana pasada, me encontraba en la sala de espera de la dentista, cuando, en la televisión apareció un anuncio lleno de alusiones violentas y rostros de adolescentes enfurecidos. Era el programa Guerra de Colegios, en el cual los participantes se deben enfrentar para obtener un viaje de promoción. Me causó perplejidad la irresponsabilidad de América Televisión por lanzar un programa que exacerba el enfrentamiento en un país donde las rivalidades entre colegios muchas veces terminan a golpes y donde hay crecientes problemas de violencia entre jóvenes y adolescentes. Me pareció indignante también la irresponsabilidad del principal auspiciador: Movistar.
Tres días antes, otro programa de América Televisión Puedes con Cien, había sometido a una mujer a un intento de violación, con hombres desnudos que la manoseaban, a manera de “cámara escondida”. El programa se había transmitido a las ocho de la noche, dentro del horario que es de protección del menor, según una norma que ningún canal parece respetar. De hecho, dicho programa busca siempre “divertir” humillando a una mujer, inclusive sometiéndola a una detención ficticia.
Pensé en estos dos programas de televisión, cuando hace unos días leí el comunicado de la Comisión Nacional contra la Discriminación en relación a La Paisana Jacinta. En realidad, supongo que era sobre este programa, porque quienes lo suscribían, nada menos que ocho Ministerios, cuidaban bien de mencionarlo y, después de hacer referencias a estereotipos negativos sobre mujeres andinas, recomendaba a los medios de comunicación autorregularse. No se exigía corregir el programa, no se planteaba sanciones, no se advertía a padres ni maestros, ni se recomendaba que los auspiciadores (Bayer y Nestlé, entre otros) dejaran de patrocinarlo.
Pedir la autorregulación de los canales de televisión resulta totalmente ingenuo si vemos que se encuentran tan obnubilados con sus intereses lucrativos y por la competencia, que lo menos importante para ellos es su responsabilidad social. Es evidente que esto le ocurre a América Televisión, ATV o Frecuencia Latina. Sobre el racismo, por ejemplo, lo condenan en los noticieros, pero siguen seleccionando exclusivamente conductores blancos y el mismo criterio impera para los participantes en programas como Esto es Guerra o Combate. En estos últimos casos, además, el uso del cuerpo de la mujer es tan evidente e insistente que los antiguos comerciales de cerveza parecen recatados.
Intentos de violación, guerras de adolescentes, ridiculización de la mujer andina… Pareciera que no hay límites para el envilecimiento televisivo, del cual forman parte también los auspiciadores, mostrándose un panorama tan deplorable como el de los años noventa. La gran diferencia es que mientras en los noventa el envilecimiento estaba vinculado con el poder político, en la actualidad no es así, sino que se usa como grandes cortinas de humo para el poder económico.
Es verdad que varios de esos programas tienen mucha sintonía, pero al mismo tiempo son muchas las personas que los detestan. En la campaña contra el programa La Paisana Jacinta, muchas personas nos han señalado que Esto es Guerra, Titanes y Combate son peores por el uso que se tiene de la mujer y por la selección racista de los participantes.
El comunicado de la Comisión Nacional contra la Discriminación no solamente es una abdicación de las funciones de las instituciones públicas, sino que sugiere a los ciudadanos un mecanismo parece del siglo XIX: enviar una queja al medio de comunicación, esperar una respuesta, pedir una rectificación, dirigirse luego a la Sociedad Nacional de Radio y Televisión para presentar una nueva queja y después de varios meses, recién entonces se puede acudir al Poder Judicial. ¿Ninguno de los ocho Ministerios que supuestamente se han involucrado en la lucha contra la discriminación tiene procuradores o funcionarios que puedan hacer ese trabajo?
Resulta sorprendente que la mencionada Comisión ni siquiera se sienta libre para mencionar el nombre del programa ni el canal que lo transmite, lo cual muestra el poder de los medios de comunicación para discriminar abiertamente o difundir antivalores con total impunidad.
Al parecer, las cosas pueden cambiar si la sociedad o el Estado rompen su pasividad: la intervención del Ministerio de la Mujer y las organizaciones feministas generó que América Televisión se disculpe frente al intento de violación, pero todos los responsables continúan laborando normalmente. También dicho canal accedió a cambiar el nombre de Guerra de Colegios por Versus de Colegios, debido a una petición expresa del Ministerio de Educación, aunque no ha modificado el tono violento del programa.
Estos precedentes nos hacen pensar que, si los integrantes de la Comisión Nacional contra la Discriminación fueran más firmes para enfrentar el racismo en la televisión, es muy posible que los medios de comunicación le hicieran caso. Lamentablemente, en el Perú el Estado escoge muchas veces ser débil y las consecuencias las pagamos todos los ciudadanos.

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