LA REVANCHA DE LOS PETIZOS


Hay gente que tiene problemas para socializar; hay otros que se dedican a aterrorizar las vidas de los demás; están los delincuentes conocidos; existen psicópatas y genocidas de clase mundial... y después está el "LOCO" HUME. Un Monstruo (animal no es, porque estos seres no actúan así) que se dedica a construir su vida sobre cadáveres de perros y gatos y cuyo único propósito es destruir el sueño de las personas que SI apreciamos estas criaturas de Dios. Este señor es un delincuente sin credencial, un asesino serial frustrado quien se aprovecha de un sistema como el peruano que es troglodita en lo que respecta a marco legal de protección a los animales, con la finalidad de cometer sus atrocidades a vista y paciencia de las autoridades que lo consideran, con seguridad, "un mal menor", "una anécdota para contar" o "la noticia de las seis". Pero el viernes pasado, un grupo de jóvenes, de esa generación "pulpin" que tanto orgullo le genera a este país, nos dieron una lección de entereza moral. La convocatoria a la protesta se dio a partir de un acto repudiable protagonizado por este perverso personaje: arrojar a la calle restos de animales, quemados y necrosados, cual si de sobras de comida se tratara, envueltos en un colchón viejo; un acto avezado de provocación contra la buena fe y tolerancia de sus acongojados vecinos, que lejos de amilanarse frente a este abuso, solicitaron la intervención de las autoridades competentes. Sin embargo, no comprendo bajo que retorcido sistema normativo, estos representantes de la ley, hicieron caso omiso a un hecho que representa lo más horrendo y cruel de cualquier ser humano. Este fue el momento donde se genera el punto de inflexión. Utilizando las redes virtuales como plataforma de lucha, la vecindad, las organizaciones y grupos a favor de un trato digno a los animales, estudiantes y la juventud tacneña, se puso en pie y formó una trinchera de dignidad, que se fue fortaleciendo con cada persona que llegaba con la esperanza de recuperar a su perro-amigo extraviado; que se fue arrebatando con cada piedra que este enajenado abusador y asesino de animales arrojaba desde el interior, a los vidrios de su propia casa, con la esperanza de poder victimizarse en este entuerto. Pero su apuesta le resultó mal. 

Los manifestantes, con esa rabia que sólo aparece cuando te quieren avasallar, renegaron de un estado de derecho endeble como el nuestro y con una lógica kantiana de protección a nuestros "hermanos menores", se olvidaron de las formalidades de la marcha e irrumpieron en la vivienda de este energúmeno, con el derecho que les da la fuerza de la razón y rescataron a una docena de canes, entre machos y hembras, crías y mayores, para ponerlos a buen recaudo con personas que sí deseamos darlos a un hogar digno. Los hechos posteriores, quedan para el recuerdo. La marcha de conciencia, con más ánimos que gargantas para gritar, por las calles centrales de nuestra ciudad o la escena de Pilatos que protagonizó la Policía Nacional en la Comisaría, al no querer aceptar la denuncia que presentaron los afectados por el hurto de sus mascotas.

Sin embargo, no se debe meter a todos en el mismo saco. Saludo la prudencia de los miembros de la fuerza policial que acudieron al lugar, puesto que bien pudieron usar la fuerza y los gases para tratar de dispersarnos, porque estuve allí y fui un testigo de primera fila; sin embargo, tuvieron la paciencia para no alterar más los ánimos y esperar a que se culmine, en mayor o menor medida, con la liberación de estos rehenes petizos. También agradezco al veterinario, que se vistió cual Ejército de Salvación y dio asistencia a los rescatados animalitos. 

Hoy podemos decir lo siguiente: son estas victorias morales de una nueva generación las que redimen las atrocidades de generaciones pasadas que, en la actualidad, todavía generan prácticas anacrónicas para nuestro tiempo: peleas de toros, de perros, de gallos, trafico animal, etc. Falta mucho por trajinar, pero me aúno al saludo para estas organizaciones y grupos de protección animal, quienes junto a los indignados vecinos y con un grupo de jóvenes disconformes, pudieron más que este esperpento de hombre. Amén por eso.


PABLO VÁSQUEZ ESPINOZA

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