Resulta que ahora el tema electoral no pasa solo por evitar escoger a los ladrones, aún más trágico es tener que evitar a los asesinos.
Repasando el menú de candidatos tenemos que hay demasiada presencia de acusados de delitos mayores que incluyen eliminación física de personas. Hay los acusados de homicidio culposo o intelectual y los acusados de homicidio directo.
Entre los acusados que cargan con el peso de muchas muertes están Alan García y Alberto Fujimori (Ya veremos a continuación la relación que puede haber entre padre e hija, en relación con el fujimorismo). Y están los sospechosos de haber eliminado directamente, u ordenando in situ, a individuos y a sangre fría.
En el último de los casos existe la presunción, cuando no la acusación, contra dos políticos muy importantes egresados de las filas militares: Los denominados "capitán Carlos" y "capitán Arturo", Ollanta Humala y Daniel Urresti respectivamente, involucrados en los casos Madre Mía y asesinato del periodista Bustíos.
Volviendo a los primeros, Alan García ha podido evadir juicios sobre el debelamiento del motín en el Frontón, donde todo indica que su responsabilidad pasa por haber ordenado esa acción si o si, sin importar el costo en vidas humanas. ¿Se trataba de terroristas? Aunque así fuera, los derechos humanos están por sobre todo. Pero años más tarde también le salpican las muertes por el caso vulgarmente conocido como "el baguaso".
Y el gobierno de Fujimori registra las muertes de la masacre de los Barrios Altos, la matanza de los estudiantes de la Cantuta y de los miembros del MRTA en la residencia del embajador japonés. Fue en relación con esa infausta etapa que un alto miembro del Comité Ejecutivo del fujimorismo, declaró muy suelto de huesos "nosotros matamos menos".
Pues bien, puede defenderse a la lideresa Keiko Fujimori alegando que ella no tuvo nada que ver con esa ola de sangre, y es cierto. Pero en su condición de candidata del fujimorismo, y al no haber deslindado firmemente su posición contra esas prácticas criminales, lleva un pasivo que pesará en sus alforjas.
Por lo tanto, si empezamos a descartar a todos los comprometidos en estos hechos, confirmados, sospechosos o salpicados por los derramamientos de sangre, en salvaguarda de la salud social de nuestro pueblo deberíamos empezar a mirar en otras direcciones, buscando las manos limpias.
Por más que le ofenda la sola mención de Alejandro Toledo a tanta gente enemiga o resentida con él, tenemos que ser consecuentes y recordar que una de sus frases favoritas era "yo no tengo las manos manchadas con sangre". Y le pese a quien le pese, es cierto.
Pero en el escenario político también hay otros pre candidatos que pueden jactarse de una trayectoria exenta de sospechas de homicidio. En ninguno de los casos, ni en la mención hecha de Toledo, tomamos partido por la gente de las manos limpias, pero en rigor de honestidad, es deber mencionarlos. En este grupo está Pedro Pablo Kuczynski, el popular PPK, a quien a nadie se le ocurriría involucrarlo en un hecho de esta naturaleza.
Pero también está el pastor evangélico Humberto Lay, un hombre que tiene tal vez la mejor imagen virtuosa de todo el vademecum político nacional. Su postulación a la primera magistratura va a significar un fuerte golpe a otras candidaturas, porque el movimiento evangélico representa una porción muy importante del electorado. No olvidemos que Fujimori llegó a la presidencia desde donde nadie lo esperaba, gracias al apoyo de los evangélicos. La presencia de Lay servirá para adecentar las elecciones, y lo mejor de todo, nos daría la oportunidad de apreciar un proceso electoral de resultados muy ajustados con sorprendentes animadores y suspenso hasta el final, lo que habría significado que la gente afinó mucho sus intenciones de voto, para beneficio de la mejor elección posible.
Otros posibles candidatos que llegarían libres de polvo y paja serían Gastón Acurio, así como el probable candidato del PPC obtenido entre los personajes que se mencionan por ahora, y tal vez hasta la misma Nadine Heredia, en la medida que se acepte que ella no es copartícipe de los asuntos turbios que su marido tuviera y no se los hubiera confesado nunca.
Es una pena que tengamos que instar a escoger eliminando a personas que tengan hechos luctuosos achacables a su ejecución o dirección, porque eso habla muy mal de los niveles hasta los que ha descendido nuestra política. Pero la cosa está así, y este hecho innegable habrá que enfrentarlo con decisión y valentía.
